En algún lugar de cuyo nombre aun puedo recordar, pero que no quiero mencionar, nací, cuestiones que no recuerdo no inventaré.
Me recuerdo a los trece, era ya un niño muy granoso y masturbado (física y mentalmente) aquel arte lo dominaba con orgullo, y un cierto pudor que a la fecha poseo. Recuerdo tener una cierta novia, de cuyo nombre ahora no me quiero lamentar, pero tal vez lo haga.
Me recuerdo en una esquina inmunda de ingenuidad (¡que ay cómo extraño!) me recuerdo justo como ahora me recuerdo, como un niño soñador que viajaba através de las nubes de sus ojos, y remaba a partir de cada lágrima que le dejaba el olvido.
Para entonces ya soñaba con dejar mi huella aquí o tal vez allí, pero ahí al fin y al cabo. Soñaba con ser ese gran ser que al mundo faltaba, ese genio que la rompería en el mar de las dudas foráneas y el que invocaría las masas propias y ajenas, (por lo menos ahora no lo hago tan mal con las propias) Pero no me recuerdo como ahora, un perdedor, amante de causas perdidas, impetuoso ardiente de las ensoñaciones que brindan a mi mundo, un mundo mejor.
Mato las horas viajando por el mar de mis dudas, en vela siempre, remilgándole al calvario que se filtra por la ventana, con mi guitarra, que ya no me comprende y me sabe ajena, porque entiende que le soy ajeno, pero que siempre me deja la miel en los labios y un crepúsculo en los ojos y el corazón en las venas.
Busco una canción que me sepa igual a las que escucho en mis sueños.
Mi ninfa; andará por ahí, olvidando mis labios en otros labios, los países que construí alrededor de sus ojos serán de otro, y yo, buscaré con quien desahogar mis sudores y otra cama donde respirar, pero ¡ah, aun tengo el sabor de su piel en mi piel!
En el futuro intentaré redactar buenas líneas (no como estas), filtrar a través de mi pluma añejos dolores que identifiquen otros dolores, aspiro a mal poeta. Soy un perdedor apasionado, siempre lo he sido y no siempre lo seré.
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